Este hombre es el mismísimo demonio: la manía analítica de Edgar Allan Poe

 

Edgar_Allan_Poe,_circa_1849,_restored,_squared_off_pp

 

Se suele hablar de Edgar Allan Poe como el creador del moderno cuento policiaco (lo cual no es del todo exacto, E.T.A. Hoffman llego antes con “La señorita de Escuderi”) y como uno de los padres del cuento de terror moderno.

En realidad su herencia es más amplia, era un escritor si no experimental que experimentaba bastante con las formulas narrativas. Si bien es cierto que crea el cuento policial no es menos cierto que procede a su demolición con un cuento en el que el criminal y el detective son la misma persona. (Y por cierto que no seré yo quien diga en cuál de sus cuentos sucede eso)

Poe es uno de los padres fundacionales de la ciencia ficción, con cuentos como “La incomparable aventura de un tal Hans Pfall” pero también escribió cuentos de ciencia ficción de carácter social. Me refiero al extraño y minusvalorado “Mellonta Tauta”, donde las cartas de una heredera aburrida en un viaje de placer nos muestran una sociedad del futuro deshumanizada,  con valores muy diferentes a los nuestros.  Al mismo tiempo nos muestra una curiosa visión deformada de nuestro presente mediante los retazos de información deformados que conservan nuestros descendientes.

Y entre otras cosas Poe inaugura un subgénero – que actualmente goza de muy buena acogida en el público – cuyo argumento consiste en que el protagonista va resolviendo una serie de enigmas indescifrables para el común de los mortales  hasta alcanzar algún misterioso tesoro.

Me refiero por supuesto a “El escarabajo de oro” que cuenta la búsqueda del tesoro del capitán Kidd . Su descendencia ha sido muy amplia. Como curiosidad apuntar que uno de los descendientes más populares del héroe del cuento de Poe, William Legrand, se llama Langdon.  Nombres que en mi modesto parecer tiene una similitud cierta más que cierta similitud. Hablo del protagonista de “El código Da Vinci”, aunque en su cofradia podríamos incluir al Dr.Jones o a Benjamin Franklin Gates de ” La búsqueda”.

Volviendo al cuento de Poe, indicamos que el mismo nació a consecuencia del desafío lanzado por Poe a los lectores en Diciembre de 1839 en la revista “Alexander´s weekly Messenger”, comprometiéndose a descifrar cualquier mensaje en clave que los lectores le enviasen.

De ahí a Mayo del año siguiente, recibió cerca de un centenar y al parecer los descifró todos.
El propio Poe relata su experiencia en el ensayo “Criptografía” donde además da unos apuntes sobre la historia de los mensajes secretos y como descifrarlos.
Consciente del interés del público por la materia escribe “El escarabajo… “donde uno de los puntos clave de la trama es la forma en que Legrand descifra un criptograma que conduce al tesoro.  ( Aunque como digo no es este el único enigma que tiene que descifrar)

El cuento fue publicado en Junio de 1843 y fue un éxito inmediato. El mayor éxito popular de Poe antes de “El cuervo”. El propio julio Cortázar se refiere a este como el cuento más popular de Poe. Su influencia fue enorme popularizando los criptogramas como una forma de entretenimiento (como hacemos hoy en día con los sudokus).

Por cierto que le criptógrafo más eminente de Estados Unidos, William Friedman descubrió su vocación leyendo “El escarabajo…”

Pues bien, este cuento tan popular – que hace que Poe sea mencionado con respeto en las historias de la criptografía –  y  de enorme influencia, tiene algo que despierta la animadversión de cierto tipo de crítica.

Veamos lo que tiene que decir T.S.Elliot al respecto:
“Que Poe tenía una gran inteligencia es indiscutible, pero me parece la inteligencia de una persona muy dotada que todavía no ha alcanzado la pubertad. Los temas en que centra su viva curiosidad son lo que llenan de curiosidad a la mentalidad pre-adolescente: las maravillas de la naturaleza y de la ciencia y lo sobrenatural, cifras y criptogramas, puzles y laberintos y dejar volar la imaginación. Al principio la variedad y la intensidad de su curiosidad impresionan y fascinan, al final su excentricidad e incoherencia cansan.”
( From Poe to Valery)

O del prólogo del tomo de ensayos y críticas de Cortázar:
Krutch ha señalado que… la manía analítica (presente en sus críticas, su gusto por la criptografía, y en Eureka) no es más que el reconocimiento tácito de sus neurosis “

Se discute incluso si Poe tenia   conocimientos profundos del tema.

Adentrándonos levemente en algo que  desborda los límites de esta charla, junto a las claves de sustitución, empleadas en ambos cuentos, existían, en el momento que Poe escribe, otras más complejas de trasposición. Sus referencia reiteradas a que las que el trata son las más sencillas y la referencia que hace a estos sistemas en las últimas líneas del ensayo, indican que era un verdadero entendido en la materia.
Todo esto me resulta verdaderamente llamativo porque implica un trato muy diferenciado con otros escritores. Me referiré en este sentido a Arthur Conan Doyle cuya “aventura de los bailarines” está también centrada en un mensaje criptográfico.

En este cuento, un caballero inglés Hilton Cubitt, solicita la ayuda de Holmes porque unos dibujos con tiza de hombres bailando  que han aparecido en su finca de Norfolk, llenan de terror a su esposa. Los dibujos resultan ser un criptograma sustancialmente idéntico al de “Escarabajo…” pero con el matiz de que a diferencia de Poe,  Conan Doyle no hace la salvedad de que se trata del tipo más sencillo de criptogramas.

Pero como digo, nadie discute si Conan Doyle, conocía el tema o no.
Hay un impulso de poner a ese hombre tan arrogante en su sitio.

Pero volviendo a Krutch, Cortázar hace una defensa de Poe que personalmente no comparto en el sentido de que si bien era un neurótico supo convertir su enfermedad en arte.

Y no la comparto porque las cosas no son tan sencillas. Para ello me permito citar dos párrafos procedentes de sus cuentos, uno de un cuento muy bueno y otro de uno muy malo.

En “El sistema del Doctor Tarr y el profesor Feather” el protagonista se encuentra de visita en un sanatorio mental en el que los enfermos se mezclan con toda libertad con los pacientes

Allí conoce a una bella joven que canta opera y con la que traba conversación:

En realidad, había un brillo inquieto en su mirada que me hizo imaginar que no (estaba cuerda). Por lo tanto, limite mis comentarios a temas muy generales del tipo que no podrían resultar molestos ni inquietantes ni siquiera para un lunático. Ella contestó de una forma perfectamente racional a todo lo que yo decía e incluso sus réplicas parecían imbuidas del más sólido sentido. Pero una larga familiaridad con los mecanismos de la locura me había enseñado a no depositar confianza alguna en tales pruebas de cordura y mantuve durante toda la entrevista la misma cautela con la que había empezado.

Cualquiera que haya asistido a una entrevista de trabajo o a una reunión de departamento entiende a que se refería Poe.

Veamos ahora uno de sus mejores cuentos en el que otro de sus protagonistas anónimos responde a la llamada de su viejo amigo Roderich Usher y al acercarse a la misma se siente invadido por una tristeza que no puede explicar.

Me vi obligado a refugiarme en la poca satisfactoria conclusión de que, sin duda, existen en la naturaleza combinaciones simples de objetos que tienen la facultad de afectarnos de esta forma. Sin embargo el análisis de su poder se encuentra en profundidades más allá de nuestro alcance. Es posible, reflexione, que una nimia modificación de los particulares de esta escena, de los detalles del cuadro, sería suficiente para modificar, o incluso eliminar, esa sensación de pena.

El propio Poe nos da la explicación en otro de sus cuentos “Los asesinatos de la Rué Morgue” cuando nos dice que las personas dotadas de grande facultades analíticas siempre un profundo placer en utilizarlas “incluso en las cuestiones más triviales”.

En este sentido hay una anécdota curiosa del propio Poe. Recordemos que las novelas se publicaban por entregas. Incluyendo el Barnaby Rudge. Pues bien, una vez que hubo leído solamente la primera de dichas entregas escribió una nota en la que deducía correctamente el fin del misterio lo que hizo que Dickens dijese admirativamente que Poe era el mismo diablo.

Pero existe otra cara de la moneda. Los sentimientos que en ocasiones evoca el paisaje en Poe son terribles. Me refiero por ejemplo al deseo de lanzarse al vacío – palabras terribles en boca de un alcohólico- que se menciona en la unica novela del autor ” Las aventuras de Arturo Gordon Pym.”

En este sentido mencionar que existe un tipo de terapia – la lucha contra las ideas irracionales- que pasa por someter estos sentimientos de angustia a un análisis lógico para desmontarlos. Lo que recuerda al fragmento de Usher que he citado.

Es decir que lo que a Eliot le cansaba o aburría era asunto de vital importancia y decidía el destino de las naciones mientras escribía ( Me refiero a la maquina Enigma)  y lo que otros consideran un síntoma de neurosis puede con igual justicia considerarse como herramienta  de lo contrario.

Pero si bien el análisis de la realidad es una constante en toda la obra de Poe no es menos cierto que en múltiples ocasiones dichas facultades son inútiles. ¿Qué había en el fondo del pozo? ¿Qué era la figura blanca que aguarda a Arthur Gordon Pym? ¿Cuál es el crimen del hombre de la multitud? O volviendo a “El escarabajo” ¿De dónde proceden los esqueletos?
Es esta cualidad – la visión de la realidad como un enigma al que ocasionalmente se le encuentra un sentido- lo que en opinión hace que aun transcurridos doscientos años podamos seguir leyéndole con placer.

(Recupero el texto de una charla que día en el Ateneo de Madrid con ocasión del aniversario de Poe hace ya algunos años)

 

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