Monument Valley 2: regreso al valle.

 

 

 

 

Antes que nada una confesión personal: pertenezco por edad a la primera generación de jugadores de videojuegos y quiero decir la primera. Yo jugué como novedad a la primera generación de  marcianitos, comecocos y cualquier otra máquina que podáis mencionar en los recreativos.

Pero de un par de consolas a esta parte he perdido totalmente el interés  por los videojuegos y la última consola que entró en casa fue la PlayStation 2.

De hecho el último juego de consola que he completado fue Ico de Fumito Ueda  .

La razón principal es que no me interesan demasiado los shooter en primera persona estilo Doom, las aventuras graficas en las que tienes que mover frenéticamente el cursor sobre todos los objetos imaginables para obtener las combinaciones  más inverosímiles, los juegos de carreras y con respecto a los simuladores deportivos digamos que  no me interesa el futbol para nada.

Icho tenia sin embargo un ambiente de fantasía misterioso y no del todo explicado que  para mí lo hacía irresistible.  Y para mucha gente, descubro gracias a Wikipedia que ha influenciado a Guillermo del Toro.

En cualquier caso han pasado años sin que, con la excepción del  Bard´s tale para Android, haya completado ningún juego  y ahora me encuentro  más que encantado de jugar una continuación.

El  Monument  Valley original fue el  juego del año 2014  con treinta millones de descargas de pago y ahora nos llega la continuación. Tanto la primera como la segunda entrega sin parecerse en absoluto comparten con Ico ese ambiente que sugiere más que muestra.

Partiendo de la base de que si no está roto no lo arregles. Sigue el esquema de la entrega anterior.  Si en la primera base seguíamos a la princesa ida, aquí seguimos a  Roo y a una hija sin nombre mientras recorren de nuevo el valle para  completar varios rituales.

A veces el protagonismo es de la madre, a veces de la hija y en algunos niveles tienen que colaborar.

La idea es superar obstáculos. Puzles inspirados por Escher en los que tienes que manipular elementos del paisaje mediante poleas, palancas, pasadizos o paredes móviles para encontrar el paso al siguiente nivel.

La curva de dificultada está muy medida.  Va incrementándose  hasta llegar a un punto en que puedes pasarte un rato bastante largo pensando  pero sabiendo que no hay trampa ni cartón, que todo se puede resolver sin trucos, terminas encontrando el camino.

Por otro lado, el acabado es exquisito. La filosofía de los desarrolladores es que cada pantalla del juego podría colgarse como  una lámina decorativa y lo cumplen. A eso se une una música new age más bien relajante y el resultado es tal que ha hecho que alguien  que como yo había abjurado de estas cosas les haya dedicado un rato muy placentero.

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