Un caballero mujer en la corte del rey Arturo.

Pues haberlas haylas.

No deja de ser lamentable que lo que para algunos sería hoy polémico y chocante en 1590 era algo normal. Tan normal que hubo dos versiones de la historia de una mujer caballero  y además escritas por grandes de la literatura.

La original, y más divertida, se debe a Ariosto en el Orlando furioso que la situó en la corte de Carlomagno, Bradamante.

Por su parte , Edmund Spencer crea a Britomart en The Faerie Queen.  

Britomart acompaña al joven rey Arturo y escucha las profecias de Merlin.

Las dos historias tienen en común que son ellas las que rescatan a sus amados que están prisioneros y por el camino reparten leña a cualquiera que se les ponga por medio que da gusto.

Y esto que era normal  en el renacimiento si lo hubiera incluido Guy Ritchie en su reciente revisión del mito arturico habria sido considerado una trangresion y una concesión al feminismo.

(La excepción es Italo Calvino que revisitó a Bradamante en  “El caballero inexistente”.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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