Habló Blas, punto redondo o la razón sin razones.

.Como punto de partida, distinguimos entre opiniones que afectan a la subjetividad de quien las emite y opiniones que se refieren a la realidad que todos compartimos.

Se dice que todo el mundo tiene derecho a una opinión y en el ámbito de los subjetivo eso es indiscutible. Tan válido es decir que te gusta el dulce como que te gusta lo salado.

Pero si nos adentramos en los hechos compartidos y decimos que lo dulce es  malo para la salud de quien lo consume salimos del terreno de lo subjetivo y no todas las opiniones tienen el mismo valor. A mayor sea la información o la formación que la respalda mayor valor tendrán.

Sin embargo, desde un tiempo a esta parte, pululan las aseveraciones que revolotean como mariposas pero aterrizan como ladrillos  que incumplen el criterio vigente desde la antigua Roma de que a quien alega le corresponde la carga de la  prueba.

Las opiniones se lanzan sin más porque son ” de sentido común” o cosas que “todo el mundo sabe”.  En algunos casos son ideas cuyo valor científico ha quedado trasnochado como la idea de que “reducir impuestos crea riqueza” (E invito a quien lea estas líneas a hacer una búsqueda en la red sobre la extensa bibliográfica al respecto) pero en muchos otros casos son prejuicios. Y los peores son sin duda los de carácter machista.

Es para mí una fuente constante de asombro las negativas a aceptar que por regla general  las mujeres conducen con menos accidentes (que es lo que el común de la humanidad entiende por conducir mejor) y  por eso las primas de sus seguros son menores.  La extrañísima creencia es que por algún motivo las aseguradoras se han puesto de acuerdo para perder dinero antes que aceptar la pura y simple estadística. Ahora bien, todavía no conozco ningún caso  (ni creo que se dé) en que un machista haya insistido en que su pareja pague más a la pobre aseguradora.

Pero donde la cosa pasa de castaño oscuro es cuando se  dice que “las mujeres matan tanto o más que los hombres”. Y esta es una afirmación que reaparece con dolorosa regularidad en redes sociales. Hay una cosa tan básica como ver las estadísticas del Ministerio de Justicia para desmentir ipso facto semejante falacia.  Y cada vez que alguien  llama la atención sobre este punto es… ¿comprobar el dato erróneo y pedir disculpas? Eso no es conocer al macho ibérico. La respuesta es eludir la cuestión principal (la estadística) y enzarzarse en una retahíla de ataques personales para distraer del hecho de todas estas afirmaciones tan tajantes básicamente se las han sacado de la manga (No puedo dejar de mencionar que este caso la expresión de  EE.UU es que se las ha sacado de otro sitio más escatológico y quizá más adecuado dado la naturaleza de las mismas, como es el ojete) Vienen a la mente las continuaciones apelaciones a la fealdad de las feministas.   Lo cierto es que si aplicásemos dicho criterio estético la derecha  quedaría automáticamente desarbolada  de sus portavoces habituales. Esto es algo que no se suele sacar a colación por ser absolutamente irrelevante pero es indicativo de la paupérrima capacidad dialéctica de ciertos personajes.

Así que por favor: ni un feminazi más. (Expresión que detona una ignorancia tan profunda como despreciable del horror nazi y de la lucha por la liberación femenina) Cada vez que soltáis chorradas semejantes  Menéndez Pelayo y Ortega y Gasset se revuelven en su tumba.

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