Una cierta distancia

Una cierta distancia

Hace un par de años visité Faunia. Espero que la cosa haya cambiado a mejor porque la experiencia fue desagradable. Especialmente los niños. Ante la más absoluta indiferencia de sus padres y/o acompañantes prácticamente a cualquier sitio que fueses había un niño gritando y asustando a los animales. No era ya que no parecía importarles que aquello no eran peluches sino seres vivos, que a pesar de signos claros de no tocar estaban rompiendo plantas, era que mientras las mamas estuviesen tranquilas les importaba muy poco que sus pequeños salvajes estuviesen destrozando el tímpano al vecino.
Y curiosamente cuando los niños se portan así dicen que se portan como animales.
Mientras tanto los animales huían aterrorizados.

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