Ver pero no observar. Un ejemplo personal.

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He comentado en más de una ocasión, que cuando tengo la cámara en la mano me fijo más en las cosas.

He aquí un ejemplo.

La fuente del Ángel Caído es uno de los rincones más populares de Madrid . Soy incapaz de recordar cuando fue la primera vez que la vi. Me imagino, no estoy seguro, que en algún momento de mi infancia.

Pero no fue sino cuando la fotografié que me di cuenta de dos detalles en los cuales no me había fijado. Uno es que los rizos del cabello forman un par de coquetos cuernecitos , bastante lógico, y segundo que el personaje tiene entre las piernas una larguísima y poderosa serpiente.

Lo primero que pensé al fijarme fue ¿cómo?

Luego pensé que era una época más inocente.

Pero he llegado a la conclusión de que es una muestra de la ceguera con que nos miramos a nosotros mismos. Pensamos que somos una época trasgresora, libre de tabús y lo que quieras. Cuando nos encontramos con que hace un siglo un artista se toma libertades en un espacio público que ahora son impensables nuestra respuesta es no verlo.

Vemos pero no observamos.

 

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